miércoles, 2 de septiembre de 2015

Recuerdos

Junio. 

Dentro de unas semanas llegarán las vacaciones, llegará el verano. Emoción. Me doy cuenta observando el pequeño rincón del mundo en el que vivo. Cuando vuelvo del colegio y bajo a la calle a jugar, veo como pequeñas hordas de niños suben y bajan la calle llevando maderas consigo. A veces desearía atreverme a ir con ellos. Sé para qué son las maderas. Huelen a verano. 

Una tarde cualquiera me veo transportando yo también pequeños trozos de madera con mis amigos camino al descampado desde el que observo el horizonte. Me pregunto qué habrá más allá de esa línea azul, ¿se acabará el mundo allí? ¿si llegas hasta allí nadando luego qué pasa? ¿te caes? ¿a dónde? ¿qué será aquello? ¿qué habrá al otro lado? En fin, me invaden preguntas y en mi mente me evado sin querer de lo que estaba haciendo. Un toque de atención 'eh, Laura! me trae de vuelta. Me veo a mí misma con mi pequeña aportación de madera en las manos y la tiro hacia el montón en el que hay muchas más con toda la emoción de estar participando en algo grande. Hacemos varios viajes y como si fuera algo prohibido, escucho la voz de mis padres en mi cabeza 'Laura, ten cuidado que las maderas tienen clavos y te puedes hacer daño y coger cualquier infección', las desoigo y continúo con lo mío, la emoción de colaborar en la construcción de la hoguera me puede.

Pasan los días y la emoción aumenta, cada excursión a la calle es testigo de la grandeza de nuestra construcción, va tomando forma de pirámide. Con mi estatura sólo puedo participar en hacer más grande la base pero yo voy lanzando la madera con todas mis ganas a ver si consigo que alguna llegue un poco más arriba. Y así, poquito a poquito se acerca el gran día. Los niños más mayores tienen el muñeco y escalan la pirámide para clavarlo arriba de todo, en la punta. Ahora mientras lo escribo me resuenan tintes gores, en su momento, me parecía todo espectacular.

Llega el gran día, el cole se acabó hace unos días. Empieza el revuelo y la emoción se dispara por las nubes. En la calle se respira alegría y movimiento. En casa, el estrés de arreglarse para bajar a cenar a la calle. Emoción pura para mí. Atardece y no se espera ni a que se haga de noche. Bajamos a la calle, ¡por fin! En el aire olor a fiesta. Todo se ha llenado de terrazas y parrillas, gente por todas partes, familias que como la nuestra han bajado a la calle y buscan su sitio o ya lo tienen. La actividad es frenética, comienza a anochecer y el aire ya huele a sardinas. Con los padres vigilando, localizo a mis amigos del barrio, vamos corriendo a vernos atolondrados y emocionados, y nos dejan libertad controlada para vivir la tradición, como locos nos vamos a por el pan de broa y a por la primera sardina, suena la música y se oye la voz del barrio, gente cenando al aire libre, hablando, riendo y disfrutando de la fiesta, es la noche más mágica del año, al menos es lo que todos dicen, se quemará todo lo malo y le daremos la bienvenida al verano. Vino, orujo, sardinas, pan y café para los mayores, para nosotros, sardinas pan y refrescos, es como estar en un cumpleaños pero a lo grande.

Pasa la noche y en algún momento sin que nos demos cuenta se enciende la hoguera, empezamos a molestar a los padres para que nos dejen ir allí, pero no nos dejan solos así que empezamos a tirar de ellos para que nos lleven a verla, llevamos mucho tiempo esperando el momento y ahora los segundos son vitales. Nos dicen que esperemos que la hoguera es grande y aún tardará en acabarse pero queremos verla arder entera y no queremos perdernos ver cómo arde el muñeco. Ellos ya lo han visto cientos de veces, pero nuestra emoción y nuestros ojos de niños no entienden de tiempos, lo queremos ver ya, queremos ir ya, la paciencia no está en nuestro diccionario. Después de un tiempo que para nosotros es eterno llega el gran momento, nos llevan. Nos acercamos a la hoguera con ilusión y miedo, pero la ilusión es mucho más grande así que nos acercamos más, pero algo nos tira del cuello de la camisa. Al principio solo estamos con nuestras familias. Yo con la mía. Me abrazo a la pierna de mi padre y cojo la mano de mi madre, y me quedo allí, absorta completamente, maravillada por esa visión, el fuego consume la madera y todo lo que se ha tirado allí, mi madre me ha dicho que el fuego aleja lo malo así que tiro allí desde mi cabeza todo lo que no me gusta y sin más, observo con los ojos más abiertos que puedo para no perderme nada. Todo arde, el muñeco hace rato que desapareció y así sin más miro el fuego, viendo como las llamas se alzan como si tocasen cielo e iluminan cálidamente el lugar. El mar parece negro y brilla con la luz de la hoguera, me parece bonito, extremadamente bonito y no sé si eso es que se está haciendo la magia de la que hablan los mayores o qué, pero todos observamos en silencio el bellísimo espectáculo de fuego. Hace calor, llevo la ropa manchada y la cara sucia, testigo de las sardinas y el pan que me he comido. Pasan las horas y la hoguera se va haciendo cada vez más pequeña hasta que ya no queda demasiado fuego así que los mayores comienzan a saltar la hoguera, es demasiado grande para nosotros, pero alguien ha apartado unas maderas para hacer una para los niños, ahí ya me reencuentro con mis amigos y participo de la tradición de saltar la hoguera bajo la atenta mirada de los mayores, tengo miedo. Me han dicho que quema y que es muy peligroso, pero quiero hacerlo, miro cómo se hace y me armo de valor, camino hacia atrás sin perder de vista la hoguera y empiezo a correr lo más rápido que puedo acercándome hacia ella, pego un salto y...¡allá voy! En un visto y no visto estoy al otro lado, con la adrenalina por las nubes y sonriendo feliz por haberlo conseguido, no me he quemado y me siento como si pudiera volar. A partir de ahí todo es repetirlo una y otra vez, risas, emoción, coloretes y manchas de carbonilla por todas partes hasta que los padres ya aburridos nos dicen que la fiesta se terminó y que es hora de volver a casa, nadie quiere pero se ve que hay que hacerlo: 'Tranquila Laurita, el año que viene lo podrás volver a hacer'. Acepto a regañadientes y me voy con la esperanza     del próximo San Juan. 

L.

domingo, 3 de mayo de 2015

Gracias Mamá!!

Hacía tan sólo unas horas estaba en su cálido y confortable hogar, cierto que en los últimos tiempos se había quedado un poco pequeño, si existía la magia, habría jurado que una suerte de encantamiento había encogido su casa, pero al fin y al cabo...no necesitaba un palacio.

Mientras estaba añorando su recién abandonado hogar unas imágenes abrumadoras le sobrecogieron...ahora recordaba...sintió cómo se rompió el suelo y una lluvia torrencial le empujaba boca abajo hacia un pasillo estrecho que no recordaba haber visto nunca...qué miedo pasó...una fuerza sobrenatural la empujaba constantemente hacia fuera, oía voces lejanas (no demasiado tranquilizadoras por cierto) y desde el fondo parecía llegar un pequeño rayo de luz. Estaba incomodísima...en una posición imposible, incapaz de mover ni un sólo músculo, presionada y atascada en aquel pasillo, con un ataque pánico brutal, escuchando voces desde el más allá y con el aire enrarecido y cada vez más escaso...pensó que aquello era el final...caray qué cortita se le había hecho la vida...

En fin...no dependía de ella sobrevivir en esta ocasión así que comprendiendo su destino cerró sus ojitos, tomó una gran bocanada de aire y...algo dentro de sí misma dijo...No! Hoy no! Abrió los ojos de nuevo y reuniendo toda la fuerza que pudo intentó empujarse hacia abajo...no sabía donde caería ni si aquello iba a salir bien...pero...cualquier cosa sería mejor que morir así de apretada y amoratada. Empujó  fuerte y noto algo en la cabeza...le dio asco pero continuó...oía ahora las voces más cerca y aunque bastante asustada eso confirmaba que había una salida, había algo al otro lado!! Oía que alguien decía...tú puedes, empuja, empuja un poco más y ... Se hizo la luz...caray si había luz...la cegaba tanto que se vio obligada a cerrar los ojos de nuevo...hacía  muchísimo frío, se quejaba profusamente, pero a la vez estaba contenta de haber salido...gritaba a aquellas manos que la sostenían que la dejaran en paz, pero no la entendían, en respuesta, recibió un azote en el culo...así sola, golpeada, desnuda, ciega y aterecida casi haberse muerto parecía mejor opción, hasta que aquellas manos la pusieron en los brazos de una bella mujer, oh dios! Aquello la tranquilizó de inmediato, aquellos brazos estaban llenos de amor...la miró a los ojos y escuchó -'Hola nené...hola mi amor...hola mi Laura'. Sonrió, reconoció que era la dueña de su primer hogar, reconoció la voz que la había animado a salir y supo en seguida que no haber cerrado los ojos en aquella encrucijada final había sido la mejor decisión de su vida. Su mamá estaba allí, lo sintió, aquel amor infinito con que la envolvía era maravillosamente hermoso, así, feliz, se quedó dormida agradeciendo el tormento que acababa de pasar, merecía la pena pasarlo de nuevo, sólo para volver a sentirse así, sólo para volver a sentirse en casa.

Gracias por tu coraje, por tu amor, por tus brazos, por tu apoyo incondicional, por respetarme, por ayudarme a crecer libre, por ser quien eres, por ser mi madre, por enseñarme valores, por educarme, por creer en mí, por infinitas razones...pero sobre todo, gracias por SER, gracias por traerme aquí. 


Feliz día, mamá! Te quiero infinito!

L.

sábado, 28 de febrero de 2015

My love, my sweet baby love

Sabía que algún día llegaría, aunque siempre pensé que eras inmortal.

Te quiero tanto, tanto, tanto, tanto, que me cuesta despedirme de ti, me cuesta asumir que ya no estás. 
11 años de amor incondicional, 11 años. Casi media vida has estado conmigo. Casi toda mi vida adulta has estado a mi lado y hoy te has ido. Supongo que era tu hora, supongo que cumpliste tu misión aquí. Supongo que no había otro modo, te tuviste que ir. 

Gracias por tanto amor, gracias por tanto mimo, gracias por todas las noches, gracias por todas las siestas en el sofá, gracias por tantas risas, gracias por tanta vida conmigo. Siempre has estado aquí, conmigo, mudanzas, viajes, experiencias, risas, juegos, mimos, sueños, amor, amor, amor y más amor. 

Joder...aún no me puedo creer que no vaya a verte más mi pequeño bebé, mi pequeño mini-tigre, mi pequeño gordito zizou. No puedes hacerte una idea de lo muchísimo que te voy a echar de menos, lo muchísimo que ya te echo de menos. La casa está vacía sin ti. Mi reino ha perdido algo. Qué dolor, Dios mío, qué dolor. Qué tristeza tengo dentro. Cómo me duele ahora mismo el corazón...me duele hasta en las entrañas, como si fueras mi pequeño...Dios mío...algo se me ha roto por dentro. 

Cómo voy a poder dormir ahora, sin ti. Sin tu calorcito, sin tus interminables jueguecitos para meterte en la cama a dormir en el huequito de mi barriga y abrazándome con tus patitas. A quién le voy a confesar ahora mis secretos, a quién abrazaré ahora cuando esté alegre y cuando esté triste...con quién voy a jugar con las gomas de pelo y al escondite, quién va a estar maullando en la puerta al otro lado mientras abro al llegar a casa, dime, quién, quién va a salir al rellano y a tirarse en el suelo y rodar buscando mimos...Bufff...qué especial eres cousiña. Qué grande y qué importante eres para mí, Zizou. Ay mi amor, no puedo creérmelo aún. Ahora pienso en lo enfadada que estaba contigo cuando me dejabas esos regalitos en forma de pis por la casa, en esos muebles que tuve que tirar, en la cantidad de fregonas que tuve que comprar cuando te enfadaste tanto conmigo y me la liabas parda y a pesar de eso, no podía estar mucho rato enfadada, te miraba...tan bonito, tan mimoso, tan tierno, tan suave y me moría de amor. Dejaría que me arañases toda la casa y me marcases todos los muebles a cambio de poder volver a verte respirar...

Me has dado tanto amor, pero tanto tanto...espero que te hayas ido feliz mi pequeñuelo, te he mimado todo lo que podido, te he dado todo mi amor, me has hecho sentirme mami y lo hemos compartido todo...no sabes lo muchísimo que ya te echo de menos...

Ya sé que todos estamos de paso, ya sé que poco a poco lo asimilaré, me acostumbraré a tu ausencia y cada vez dolerá menos, pero eres tan especial para mí y para todos los que han tenido la suerte de conocerte...jamás dejaré de echarte de menos, jamás dejaré de quererte como a un hijo. Qué suerte he tenido contigo. Hasta tu manera de irte ha sido dulce. Siento mucho dolor dentro, no puedo dejar de llorar mi amor, pero no puedo cambiarlo. Ojalá pudiera abrazarte eternamente, darte mil biquiños, achucharte constantemente y mimarte siempre. Y a la vez, racionalizo el dolor como puedo, obvio que algún día tenía que pasar. Ojalá hubiera sido...nunca. Pero ha sido hoy, supongo que alguna razón habrá. Gracias por avisarme y despertarme para acompañarte con mimo al otro lado. Gracias por todos estos años de amor, gracias por todo. Eres muy grande Zizou. Te quiero muchísimo. Qué pena me da estar escribiendo este post, qué pena joder. Tengo ganas de chillar. Tengo ganas de rabiarme. De qué me serviría, ¿podría acaso traerte de vuelta? Una vez más la respuesta es No. Qué jodido. Qué triste es este momento. 

Mi amor, mi pequeño y dulce amor...te quiero peque-zizou, te quiero muchísimo. Siempre te llevaré conmigo, bien guardadiño y mimadiño en mi corazón. 

Gracias por estos 11 años de amor. Gracias pequeñito mío. 

sábado, 17 de enero de 2015

Pequeñas joyas que no aprecias así en su momento

Anoche, después de unos 13 años o más, volví a ver una película que en su día me resultó divertida y entretenida pero que no me trascendió o, al menos no tenía el recuerdo de que lo hiciera, y resultó que me dejó gratamente sorprendida. Imagino que todos, o la gran mayoría, la recordarán: Mejor Imposible o As Good as it Gets, título original. 

En su día la vi en castellano y me gustó, eso sí lo tenía claro; sin embargo no la había vuelto a ver y ayer, con la intención de divertime un rato, la volví a ver y esta vez en su versión original. Defensora del doblaje español y del gran talento que hay en este país en este campo, desde hace ya varios años, algo que antes hacía pero sin manías, hoy procuro verlo todo en su versión original. Sin ser una fanática, porque estoy a favor de lo primero por muchas razones que no vienen al caso, es cierto que me he acostumbrado y que lo prefiero porque ahora disfruto muchísimo más con todos mis sentidos del séptimo arte y del maravilloso mundo de la interpretación. 

En fin, que me voy por los cerros de Úbeda...ahí va lo que me pasó. 

Me encuentro en este segundo visionato con una película tremendamente divertida, entretenida, conmovedora y muy humana que me devolvió en cierta medida esa ilusión que me genera el cine, esa magia que nos devuelve por momentos la esperanza aunque no exenta de ese comentario de una de nuestras voces internas, 'sí, pero es una película'. Eterna reflexión, la vida imita al arte o el arte imita a la vida. Ahí lo dejo, para que cada uno reflexione y piense lo que quiera. 

Veréis, no soy una gran fan de Jack Nicholson, a quien durante muchos años juzgué como altamente sobrevalorado, por su excesiva gestualidad en muchos de sus trabajos y del que siempre había pensado que sus personajes estaban muy subidos de tono y con un punto de sobreactuación, permitida por todos por ser quién es. Helen Hunt, siempre me ha parecido un tanto sosainas aunque trabaja bien y Greg Kineear, sin embargo, me ha parecido en todos sus trabajos, un actor muy de verdad, me resulta muy natural, muy humano y me gusta mucho precisamente por eso, porque veo en su trabajo a personas reales de carne y hueso y no a personajes. La línea entre realidad y ficción es muy fina en su caso y a mí, en particular, me transmite muchísimo lo que siente y piensa. Sin embargo, los 3, en esta película me transmiten muchísima verdad, muchísima humanidad. Creo que hay muy buenas interpretaciones, mucho talento, muchas ganas de trabajar y una muy buena dirección de actores detrás. Los tres tienen momentos soberbios, que calan hasta las entrañas y en ocasiones sólo a través de una mirada, un pequeño gesto, una respiración, un 'trago-saliva', una minúscula sonrisa, un brillo en los ojos, y un largo etcétera. Me parece un trabajo muy bueno, sólo en algunos momentitos me descuadran pequeñas cositas, pero aún así, me parecen completamente perdonables por todo lo demás. Veo personas completas, con gran profundidad psicológica y emocional, complejas, completas y puedo verles evolucionando respecto a sí mismos, a los demás y al mundo que les rodea, condiciona e influye. Pero puedo ver a personas reales, viviendo. Sencillamente. 

El caso es que ayer disfruté como una enana, a pesar de que tengo que reconocer que algunas escenas y algunas líneas del guión me parecen demasiado cursis e innecesarias, en general mi sensación final fue: 'esta película es una pequeña joya del cine'. Hay escenas muy grandes, por ejemplo, la del acercamiento de Melvin a Simon la noche que no puede dormir porque necesita hablar con alguien y le lleva a su vecino, arruinado y derrumbado emocionalmente, sopa china en un intento de conectar con otro ser humano. En esta escena, entra, se sientan cada uno de ellos en un extremo de un banco del recibidor del pintor y cada uno comienza a hablar de sus emociones sin siquiera mirarse ni escucharse, simplemente 'vomitan' lo que les está ocurriendo por dentro, sin ninguna intención de dramatizar, sino simplemente de desahogo humano. El resultado, es una escena de gran belleza, conmovedora por sí misma y a la vez tremendamente cómica. Escena que cuando acaba genera en mí un 'qué grande, joder'. O esa otra en el restaurante en el que Carol le grita por primera vez desde ese dolor profundo que sólo una madre que lleva luchando tanto tiempo puede sentir...sublime. Otro de los grandes momentos es cuando Melvin, que lleva desde el comienzo de la película librando una batalla interna provocada por el amor que, sin ser consciente, siente por otro ser humano, llega a su casa enfadadísimo, nervioso y con una crisis de identidad importante con la sensación de haber perdido su oportunidad con Carol debido a su falta de práctica gestionando sus emociones, y su vecino (ahora acogido en su hogar) le da una gran bofetada de realidad y le insta a ir a verla y a hablar con ella desde su verdad, y él tras escucharle completamente descolocado encuentra coraje y se dispone a salir a buscarla y al darse la vuelta (nada, es menos de 30 segundos brillantes) se da cuenta de que cuando entró ni siquiera cerró la puerta de su casa...otro momento de 'maravilloso, coño'. Maravilloso por su elegante, sutil y cuidada interpretación que nos ofrece un GRAN momento; maravilloso por guión, por la evolución del personaje que queda demostrada en un gesto tan pequeñito e insignificante para cualquiera menos para una persona que lleva toda su vida controlando de manera obsesiva cada cosa que hace y que tras conocerla a ella es consciente por primera vez de que sus 'obsesiones' han quedado relegadas al completo olvido, debido a la importantísima transformación que está sucediendo en él. Maravilloso, porque a nivel humano, y sí puede que sea cursi, no lo sé, se demuestra el gran poder transformador del amor. Otro de los grandes momentos, es cuando Simon completamente destrozado se desnuda emocionalmente con Melvin, demostrando una vulnerabilidad absoluta frente a su vecino y antagonista. Tremenda la interpretación de Greg Kinnear en esa escena. Otro, las dos llamadas que hace a sus padres desde el hotel. Otro, en esta ocasión de ella, Carol, se rompe literalmente en escena tras escribir la nota de agradecimiento a Melvin y está en la cocina con su madre. Maravillosa escena y maravillosa interpretación. Un momento nuevamente de gran belleza. Otro, y esta vez por su brillante comicidad, las miradas de Melvin y Carol y la frase 'está esperando que diga algo', en la escena en la que ella coge el tren nocturno y se presenta en su casa. En fin...que podría seguir enumerando muchísimos momentos que me resultaron brillantes, de hecho, la gran mayoría de las escenas contiene esos bellos momentos. Por su fuerza dramática, cómica y humana, todo a la vez consiguiendo dar esa patadita en mí, espectadora que está viendo la película con sus sentidos y con el alma dispuesta a dejarse conmover porque a pesar de que a veces, oigo esa voz, 'es una película, en la vida real esto no sucede jamás', en el fondo sí creo que el arte refleja la vida y que la realidad supera con creces a la ficción. Pienso que la ficción, es un intento de hacernos soñar, imaginar, reflexionar, comprender el mundo y además hacernos ver que el ser humano es tremendamente complejo y maravilloso, capaz de lo peor y a la vez, capaz de romper todos los esquemas sobre todo cuando se trata de amor. Sea romántico o no, esa fuerza motriz inherente en todos nosotros que nos puede catapultar hacia nuestra mejor versión como seres humanos si le dejamos. Cursi o no, paso de juzgarlo, es bonito, jodidamente bonito.

Merece la pena volver a verla y dejarse envolver por completo por ella.

L.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Mirando el cielo

Es de noche. El cielo hace unas horas de un límpido azul claro, ahora es muy oscuro, muy muy oscuro, parece negro aunque quizá sigue siendo azul, pero azul oscuro, no hay suficiente luz para que podamos apreciar su color, tan sólo podemos ver su oscuridad. Se ve negro y salpicado por infinitos puntitos blancos. 

La calma reina en el ambiente. La noche es plácida, es perfecta, se respira paz. En una tumbona, una mujer abraza en su colo a una personita cuya estatura apenas supera los 70 cm. 

-Mamá, ¿por qué las estrellas no son estrellas? 
-¿Qué quieres decir cielo?
-Que por qué no se parecen a las estrellas que dibujamos en el cole.

La madre mira a su hijo, le sonríe con una ternura infinita y le dice:

-Cariño, porque estamos tan tan lejos de ellas y brillan tanto que no podemos ver su forma real desde aquí. 
-Mamá, pero entonces...¿las estrellas son puntitos? 
-Sí y no, cariño, las estrellas son estrellas, son cuerpos de luz que están el cielo y parecen redondos, pero si cierras un poco los ojitos verás como destellos de luz que salen del centro hacia fuera parecidos a las estrellas del cole.

El niño cierra los ojitos y los vuelve a abrir de par en par, pero no dice nada, algo indica que no está satisfecho con la explicación y sigue con el interrogatorio. 

-Vale mamá, pero ¿si están tan lejos cómo se sabe qué forma tienen de verdad? 

La madre sonríe de nuevo y orgullosa de la pregunta que le hace su pequeño le dice:

-Mira cariño, hay un instrumento que se llama telescopio que permite ver todo aquello que está en el cielo aunque esté muy muy lejos. Hay personas que pueden ver más allá, observar, investigar y estudiar todo lo que hay allí, incluidas las estrellas. 
-Mamá, quiero un telescopio para poder ver las estrellas de verdad. 
-Cariño, no necesitas un telescopio para eso. 
-¿Por qué no? Jo... ¡¡¡Desde aquí sólo veo puntitos!!!
-Cariño, mira otra vez al cielo, ¿qué ves?
-Puntitos, mamá, ¡veo muchísimos puntitos blancos!
-¿Y qué sientes cuando miras esos puntitos?
-Mmmmm...no lo sé...¡pero los quiero coger!

La madre se ríe a carcajada y el niño se queda desconcertado...

-Cielo no las puedes coger. Cuando vuelva papá le pides que te cuente todo lo que sabe del cielo que él sabe mucho de eso. ¿Vale?
-Vale mamá. ¿Y papá lo sabe porque es científico? No cariño, papá es escritor pero él sabe mucho más que yo de Ciencia y te lo podrá explicar mejor que yo. 
-Vale mami. Pues cuando vuelva se lo pregunto. 
-Vale amor, tal vez si te portas bien te comprará un telescopio y te enseñará a usarlo. Ahora bien, quiero contarte un secreto sobre las estrellas. 
-Uau...¡un secreto! ¿y papá lo sabe? 
-Sí cariño, papá también pero es uno de los pocos. Verás, esto es algo que mucha gente no sabe o no recuerda que lo sabe. Las estrellas y nosotros, somos iguales aunque no lo parezca. Cada uno de nosotros cuando nacemos tenemos la misma cantidad de luz que las estrellas y podemos iluminar cualquier lugar por oscuro que esté, tenemos ese superpoder, todos somos estrellas. (El niño expectante absorbe cada palabra que dice su madre). Verás esa luz puede ser cada vez más y más brillante si las personas nos esforzamos por mantenerla encendida siempre y así todo lo que hacemos en la vida se puede llenar de luz. Toda la luz que producimos se va guardando en una pequeño cofre que tenemos dentro y si no dejamos que se apague nunca y la alimentamos como si fuera nuestra mascota cada vez tendremos más y más reservas y cuando nuestra vida aquí se acabe, viajaremos por el universo hasta llegar al cielo y si hemos acumulado muchísima, muchísima, muchísima luz, entonces podremos vivir allí arriba observando el mundo y guiando y cuidando a todas las personas que amamos cuando estábamos aquí abajo. 

El niño no da crédito, y responde: 

-¿en un cofre del tesoro? ¿y dónde lo tengo, mami?
-Sí, mi amor, es exactamente eso, un cofre del tesoro y lo tienes aquí dentro, dentro de esta barriguita tan bonita. 

El niño asombrado sigue escuchando a su mamá. En su boca se dibuja una ''O'' mayúscula pero opta por no emitir sonido alguno. 

-Pero cuidado, porque si no sabemos que tenemos esa luz la podemos perder y eso es muy peligroso porque la vida a oscuras es mucho menos bonita. Tienes que saber que tenemos que estar muy atentos cariño porque a veces parecerá que hemos perdido la luz y si eso ocurre, tendremos que buscar la manera de volver a encenderla y que se mantenga iluminada. Siempre que recuerdes que la luz está ahí dentro guardadita no pasa nada, no te preocupes si a veces no brilla o no brilla igual porque no lo hará constantemente. A veces también tiene que descansar. Por eso no vemos las estrellas cuando es de día, pero siguen estando ahí, sólo están durmiendo y aprovechando para recargar su luz. ¿Lo entiendes mi vida?

El niño orgulloso responde:

-Sí, mamá. Se revuelve, escudriña el cielo y de repente señala al cielo directamente y dice: -Mamá, mira, ¡allí está el abuelo! y...¡¡mira mira!!, ¡¡el bisa está allí al lado!!