viernes, 11 de mayo de 2018

Alea Jacta Est

Qué le dices a una persona joven que quiere morir?

Me hablaba su alma antigua aunque ella era aún muy joven. Noté algo quebrarse dentro, mi corazón. Mi mejor amiga, mi confidente, allí, delante de mí, mirándome con aquellos ojos habitualmente llenos de luz me dijo serena que ya no quería seguir viviendo.

Llevábamos siendo amigas desde la cuna. Habíamos compartido todo, ropa, mantitas, paseos y hasta carrito, todo, hasta aquel jodido instante. Nuestras madres eran amigas así que como era de esperar, a medida que fuimos creciendo compartíamos hasta las babas que resbalaban para caer en las manos, aquellas cosas redondas con las que lo tocábamos todo a nuestro paso, en aquel pequeño parque del barrio atestado de niños de una generación; la del baby-boom, aquella de los 80. El tiempo en su continuo devenir nos fue uniendo cada vez más; la gente nos decía que éramos uña y carne, y los más groseros, culo y mierda. En fin...cómo culparles. Hasta cuando de más mayores nos enfadábamos y pasábamos días sin hablarnos, nuestro vínculo no se rompía nunca. 

En millones de cosas no estábamos de acuerdo pero en las que importaban...en esas sí; éramos las únicas personas capaces de poner a la otra en su sitio cuando hacía falta. Pero los últimos tiempos habían pasado factura. Habían sido muy duros para ella, no quiero decir que antes hubieran sido fáciles, joder, no lo fueron, para ninguna de las dos de hecho. Sin embargo, siempre nos tuvimos, en las duras y en las maduras y hasta ahora, todo lo habíamos podido superar juntas. Nos entendíamos incluso en el silencio. Siempre creciendo. Hasta aquella tarde en la que se me heló la sangre de golpe. 

Era consciente de lo mal que lo había pasado los últimos años, había estado a su lado y había visto desaparecer de sus ojos aquella chispa varias veces. Tenía ese tipo de luz extraña y potente que no le era indiferente a nadie. Siempre tuvo algo especial, incluso en sus momentos más oscuros desprendía ese halo, ese ‘algo’ que no se puede describir con palabras. La gente confiaba en ella sin pestañear, yo me daba cuenta porque para mí siempre había sido igual, nunca jamás había confiado en nadie tanto como en ella. Incluso en el momento más triste conseguía reírse y hacerte sonreír con alguna de sus salidas de tono. Sin embargo, aquel día no. 

Aquel puto día en el que todo lo que era ella parecía haberse esfumado, no había rastro de esperanza, no vi ningún brillo, la chispa había desaparecido por completo, lo supe, fue como si tocase su alma y la viera por dentro. Agotada. Cansada. Incapaz de luchar. Vacío. 
Su mirada me dio pánico. Vi claramente la determinación, la resolución y supe que no me estaba pidiendo ayuda; había venido para decirme adiós. 

Yo no quise aceptarlo, no podía, le dije que era la persona más fuerte y valiente que conocía. Contestó: “No quiero vivir más”.

No quiero vivir más, no quiero vivir más...no sé cuanto tiempo estuve en shock, pero en ese trance no escuchaba nada más que el eco de aquella frase llenando todos mis vacíos. Me teletransporté a otro espacio: una tribu. Una anciana. La sabia. Se despedía de los suyos dejando su sustituta y avisando de que mañana ya no despertaría. Oí mi nombre, “Laura, laura, estás ahí?” Volví, sólo la miraba, era incapaz de hablar, el dolor me estrujaba el corazón, mis lágrimas testificaban en silencio aquella despedida, cruel, amarga, injusta. Aquella sería la última vez que la vería, todas las risas, los recuerdos, la vida, se agolpaba en mis ojos y cada fotograma era una daga que se clavaba más fuerte, más intensa que la anterior. 

-“Alea jacta est”, dijo. 

Supe que era el final, cerré los ojos todo lo fuerte que pude, como si al abrirlos pudiera despertar de aquella pesadilla. Al levantar de nuevo la vista, vi mi rostro reflejado en el espejo.


L.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Inspiración Inesperada

Tú que has sido capaz de bañar con tu sangre las páginas en blanco de mi vida y dibujar con ella mis sentimientos, mis anhelos, mis dolores, mis cavilaciones y mis más profundos y banales pensamientos, hoy, me dices adiós.

Tú que me has acompañado en mis horas más negras poniéndole el color de tu sangre a las venas de lo tangible, hoy, me dices adiós.

Tú, que me ayudas a prepararme para la despedida enviándome sutiles señales lo suficientemente gráficas para que mi mente en horas bajas lo pueda entender, hoy, me dices adiós.

Yo, que tenido el placer de acarciarte, tocarte, apretarte, quizá demasiado en ocasiones, me preparo con pena para decirte adiós.

Yo, que gracias a ti he podido vaciarme, llenarme, llorar, sonreír, dibujar, tratar de equilibrar mi propio caos, me preparo para decirte adiós.

Mas no quiero que te vayas sin saberme agradecida por toda tu inestimable ayuda, por saber estar conmigo, por dejarme sostenerte cada día y por haberme ayudado a mantenerme en pie con paciencia y amor.

No quiero que te vayas sin saber que gracias a ti me acerco un poquito más a mí cada día.

Yo, me preparo para decirte adiós fiel compañero.

Tú, tú me preparas para que el golpe no sea tan duro.

Gracias fiel amigo, gracias por todo. Allá donde vayas quiero que sepas que podrás descansar, sí, y además hacerlo sabiendo que has cumplido con tu propósito de vida.
Deseo que seas feliz, sí, allá donde vayas.

Gracias amigo por dejarme tu relevo antes de partir para no quedarme sola. Gracias amigo, ya estoy preparada.

La hora acaba de llegar.

Adiós.

‘Oda a mi Stabilo Azul’

Lady L.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Recuerdos

Junio. 

Dentro de unas semanas llegarán las vacaciones, llegará el verano. Emoción. Me doy cuenta observando el pequeño rincón del mundo en el que vivo. Cuando vuelvo del colegio y bajo a la calle a jugar, veo como pequeñas hordas de niños suben y bajan la calle llevando maderas consigo. A veces desearía atreverme a ir con ellos. Sé para qué son las maderas. Huelen a verano. 

Una tarde cualquiera me veo transportando yo también pequeños trozos de madera con mis amigos camino al descampado desde el que observo el horizonte. Me pregunto qué habrá más allá de esa línea azul, ¿se acabará el mundo allí? ¿si llegas hasta allí nadando luego qué pasa? ¿te caes? ¿a dónde? ¿qué será aquello? ¿qué habrá al otro lado? En fin, me invaden preguntas y en mi mente me evado sin querer de lo que estaba haciendo. Un toque de atención 'eh, Laura! me trae de vuelta. Me veo a mí misma con mi pequeña aportación de madera en las manos y la tiro hacia el montón en el que hay muchas más con toda la emoción de estar participando en algo grande. Hacemos varios viajes y como si fuera algo prohibido, escucho la voz de mis padres en mi cabeza 'Laura, ten cuidado que las maderas tienen clavos y te puedes hacer daño y coger cualquier infección', las desoigo y continúo con lo mío, la emoción de colaborar en la construcción de la hoguera me puede.

Pasan los días y la emoción aumenta, cada excursión a la calle es testigo de la grandeza de nuestra construcción, va tomando forma de pirámide. Con mi estatura sólo puedo participar en hacer más grande la base pero yo voy lanzando la madera con todas mis ganas a ver si consigo que alguna llegue un poco más arriba. Y así, poquito a poquito se acerca el gran día. Los niños más mayores tienen el muñeco y escalan la pirámide para clavarlo arriba de todo, en la punta. Ahora mientras lo escribo me resuenan tintes gores, en su momento, me parecía todo espectacular.

Llega el gran día, el cole se acabó hace unos días. Empieza el revuelo y la emoción se dispara por las nubes. En la calle se respira alegría y movimiento. En casa, el estrés de arreglarse para bajar a cenar a la calle. Emoción pura para mí. Atardece y no se espera ni a que se haga de noche. Bajamos a la calle, ¡por fin! En el aire olor a fiesta. Todo se ha llenado de terrazas y parrillas, gente por todas partes, familias que como la nuestra han bajado a la calle y buscan su sitio o ya lo tienen. La actividad es frenética, comienza a anochecer y el aire ya huele a sardinas. Con los padres vigilando, localizo a mis amigos del barrio, vamos corriendo a vernos atolondrados y emocionados, y nos dejan libertad controlada para vivir la tradición, como locos nos vamos a por el pan de broa y a por la primera sardina, suena la música y se oye la voz del barrio, gente cenando al aire libre, hablando, riendo y disfrutando de la fiesta, es la noche más mágica del año, al menos es lo que todos dicen, se quemará todo lo malo y le daremos la bienvenida al verano. Vino, orujo, sardinas, pan y café para los mayores, para nosotros, sardinas pan y refrescos, es como estar en un cumpleaños pero a lo grande.

Pasa la noche y en algún momento sin que nos demos cuenta se enciende la hoguera, empezamos a molestar a los padres para que nos dejen ir allí, pero no nos dejan solos así que empezamos a tirar de ellos para que nos lleven a verla, llevamos mucho tiempo esperando el momento y ahora los segundos son vitales. Nos dicen que esperemos que la hoguera es grande y aún tardará en acabarse pero queremos verla arder entera y no queremos perdernos ver cómo arde el muñeco. Ellos ya lo han visto cientos de veces, pero nuestra emoción y nuestros ojos de niños no entienden de tiempos, lo queremos ver ya, queremos ir ya, la paciencia no está en nuestro diccionario. Después de un tiempo que para nosotros es eterno llega el gran momento, nos llevan. Nos acercamos a la hoguera con ilusión y miedo, pero la ilusión es mucho más grande así que nos acercamos más, pero algo nos tira del cuello de la camisa. Al principio solo estamos con nuestras familias. Yo con la mía. Me abrazo a la pierna de mi padre y cojo la mano de mi madre, y me quedo allí, absorta completamente, maravillada por esa visión, el fuego consume la madera y todo lo que se ha tirado allí, mi madre me ha dicho que el fuego aleja lo malo así que tiro allí desde mi cabeza todo lo que no me gusta y sin más, observo con los ojos más abiertos que puedo para no perderme nada. Todo arde, el muñeco hace rato que desapareció y así sin más miro el fuego, viendo como las llamas se alzan como si tocasen cielo e iluminan cálidamente el lugar. El mar parece negro y brilla con la luz de la hoguera, me parece bonito, extremadamente bonito y no sé si eso es que se está haciendo la magia de la que hablan los mayores o qué, pero todos observamos en silencio el bellísimo espectáculo de fuego. Hace calor, llevo la ropa manchada y la cara sucia, testigo de las sardinas y el pan que me he comido. Pasan las horas y la hoguera se va haciendo cada vez más pequeña hasta que ya no queda demasiado fuego así que los mayores comienzan a saltar la hoguera, es demasiado grande para nosotros, pero alguien ha apartado unas maderas para hacer una para los niños, ahí ya me reencuentro con mis amigos y participo de la tradición de saltar la hoguera bajo la atenta mirada de los mayores, tengo miedo. Me han dicho que quema y que es muy peligroso, pero quiero hacerlo, miro cómo se hace y me armo de valor, camino hacia atrás sin perder de vista la hoguera y empiezo a correr lo más rápido que puedo acercándome hacia ella, pego un salto y...¡allá voy! En un visto y no visto estoy al otro lado, con la adrenalina por las nubes y sonriendo feliz por haberlo conseguido, no me he quemado y me siento como si pudiera volar. A partir de ahí todo es repetirlo una y otra vez, risas, emoción, coloretes y manchas de carbonilla por todas partes hasta que los padres ya aburridos nos dicen que la fiesta se terminó y que es hora de volver a casa, nadie quiere pero se ve que hay que hacerlo: 'Tranquila Laurita, el año que viene lo podrás volver a hacer'. Acepto a regañadientes y me voy con la esperanza     del próximo San Juan. 

L.

domingo, 3 de mayo de 2015

Gracias Mamá!!

Hacía tan sólo unas horas estaba en su cálido y confortable hogar, cierto que en los últimos tiempos se había quedado un poco pequeño, si existía la magia, habría jurado que una suerte de encantamiento había encogido su casa, pero al fin y al cabo...no necesitaba un palacio.

Mientras estaba añorando su recién abandonado hogar unas imágenes abrumadoras le sobrecogieron...ahora recordaba...sintió cómo se rompió el suelo y una lluvia torrencial le empujaba boca abajo hacia un pasillo estrecho que no recordaba haber visto nunca...qué miedo pasó...una fuerza sobrenatural la empujaba constantemente hacia fuera, oía voces lejanas (no demasiado tranquilizadoras por cierto) y desde el fondo parecía llegar un pequeño rayo de luz. Estaba incomodísima...en una posición imposible, incapaz de mover ni un sólo músculo, presionada y atascada en aquel pasillo, con un ataque pánico brutal, escuchando voces desde el más allá y con el aire enrarecido y cada vez más escaso...pensó que aquello era el final...caray qué cortita se le había hecho la vida...

En fin...no dependía de ella sobrevivir en esta ocasión así que comprendiendo su destino cerró sus ojitos, tomó una gran bocanada de aire y...algo dentro de sí misma dijo...No! Hoy no! Abrió los ojos de nuevo y reuniendo toda la fuerza que pudo intentó empujarse hacia abajo...no sabía donde caería ni si aquello iba a salir bien...pero...cualquier cosa sería mejor que morir así de apretada y amoratada. Empujó  fuerte y noto algo en la cabeza...le dio asco pero continuó...oía ahora las voces más cerca y aunque bastante asustada eso confirmaba que había una salida, había algo al otro lado!! Oía que alguien decía...tú puedes, empuja, empuja un poco más y ... Se hizo la luz...caray si había luz...la cegaba tanto que se vio obligada a cerrar los ojos de nuevo...hacía  muchísimo frío, se quejaba profusamente, pero a la vez estaba contenta de haber salido...gritaba a aquellas manos que la sostenían que la dejaran en paz, pero no la entendían, en respuesta, recibió un azote en el culo...así sola, golpeada, desnuda, ciega y aterecida casi haberse muerto parecía mejor opción, hasta que aquellas manos la pusieron en los brazos de una bella mujer, oh dios! Aquello la tranquilizó de inmediato, aquellos brazos estaban llenos de amor...la miró a los ojos y escuchó -'Hola nené...hola mi amor...hola mi Laura'. Sonrió, reconoció que era la dueña de su primer hogar, reconoció la voz que la había animado a salir y supo en seguida que no haber cerrado los ojos en aquella encrucijada final había sido la mejor decisión de su vida. Su mamá estaba allí, lo sintió, aquel amor infinito con que la envolvía era maravillosamente hermoso, así, feliz, se quedó dormida agradeciendo el tormento que acababa de pasar, merecía la pena pasarlo de nuevo, sólo para volver a sentirse así, sólo para volver a sentirse en casa.

Gracias por tu coraje, por tu amor, por tus brazos, por tu apoyo incondicional, por respetarme, por ayudarme a crecer libre, por ser quien eres, por ser mi madre, por enseñarme valores, por educarme, por creer en mí, por infinitas razones...pero sobre todo, gracias por SER, gracias por traerme aquí. 


Feliz día, mamá! Te quiero infinito!

L.

sábado, 28 de febrero de 2015

My love, my sweet baby love

Sabía que algún día llegaría, aunque siempre pensé que eras inmortal.

Te quiero tanto, tanto, tanto, tanto, que me cuesta despedirme de ti, me cuesta asumir que ya no estás. 
11 años de amor incondicional, 11 años. Casi media vida has estado conmigo. Casi toda mi vida adulta has estado a mi lado y hoy te has ido. Supongo que era tu hora, supongo que cumpliste tu misión aquí. Supongo que no había otro modo, te tuviste que ir. 

Gracias por tanto amor, gracias por tanto mimo, gracias por todas las noches, gracias por todas las siestas en el sofá, gracias por tantas risas, gracias por tanta vida conmigo. Siempre has estado aquí, conmigo, mudanzas, viajes, experiencias, risas, juegos, mimos, sueños, amor, amor, amor y más amor. 

Joder...aún no me puedo creer que no vaya a verte más mi pequeño bebé, mi pequeño mini-tigre, mi pequeño gordito zizou. No puedes hacerte una idea de lo muchísimo que te voy a echar de menos, lo muchísimo que ya te echo de menos. La casa está vacía sin ti. Mi reino ha perdido algo. Qué dolor, Dios mío, qué dolor. Qué tristeza tengo dentro. Cómo me duele ahora mismo el corazón...me duele hasta en las entrañas, como si fueras mi pequeño...Dios mío...algo se me ha roto por dentro. 

Cómo voy a poder dormir ahora, sin ti. Sin tu calorcito, sin tus interminables jueguecitos para meterte en la cama a dormir en el huequito de mi barriga y abrazándome con tus patitas. A quién le voy a confesar ahora mis secretos, a quién abrazaré ahora cuando esté alegre y cuando esté triste...con quién voy a jugar con las gomas de pelo y al escondite, quién va a estar maullando en la puerta al otro lado mientras abro al llegar a casa, dime, quién, quién va a salir al rellano y a tirarse en el suelo y rodar buscando mimos...Bufff...qué especial eres cousiña. Qué grande y qué importante eres para mí, Zizou. Ay mi amor, no puedo creérmelo aún. Ahora pienso en lo enfadada que estaba contigo cuando me dejabas esos regalitos en forma de pis por la casa, en esos muebles que tuve que tirar, en la cantidad de fregonas que tuve que comprar cuando te enfadaste tanto conmigo y me la liabas parda y a pesar de eso, no podía estar mucho rato enfadada, te miraba...tan bonito, tan mimoso, tan tierno, tan suave y me moría de amor. Dejaría que me arañases toda la casa y me marcases todos los muebles a cambio de poder volver a verte respirar...

Me has dado tanto amor, pero tanto tanto...espero que te hayas ido feliz mi pequeñuelo, te he mimado todo lo que podido, te he dado todo mi amor, me has hecho sentirme mami y lo hemos compartido todo...no sabes lo muchísimo que ya te echo de menos...

Ya sé que todos estamos de paso, ya sé que poco a poco lo asimilaré, me acostumbraré a tu ausencia y cada vez dolerá menos, pero eres tan especial para mí y para todos los que han tenido la suerte de conocerte...jamás dejaré de echarte de menos, jamás dejaré de quererte como a un hijo. Qué suerte he tenido contigo. Hasta tu manera de irte ha sido dulce. Siento mucho dolor dentro, no puedo dejar de llorar mi amor, pero no puedo cambiarlo. Ojalá pudiera abrazarte eternamente, darte mil biquiños, achucharte constantemente y mimarte siempre. Y a la vez, racionalizo el dolor como puedo, obvio que algún día tenía que pasar. Ojalá hubiera sido...nunca. Pero ha sido hoy, supongo que alguna razón habrá. Gracias por avisarme y despertarme para acompañarte con mimo al otro lado. Gracias por todos estos años de amor, gracias por todo. Eres muy grande Zizou. Te quiero muchísimo. Qué pena me da estar escribiendo este post, qué pena joder. Tengo ganas de chillar. Tengo ganas de rabiarme. De qué me serviría, ¿podría acaso traerte de vuelta? Una vez más la respuesta es No. Qué jodido. Qué triste es este momento. 

Mi amor, mi pequeño y dulce amor...te quiero peque-zizou, te quiero muchísimo. Siempre te llevaré conmigo, bien guardadiño y mimadiño en mi corazón. 

Gracias por estos 11 años de amor. Gracias pequeñito mío. 

sábado, 17 de enero de 2015

Pequeñas joyas que no aprecias así en su momento

Anoche, después de unos 13 años o más, volví a ver una película que en su día me resultó divertida y entretenida pero que no me trascendió o, al menos no tenía el recuerdo de que lo hiciera, y resultó que me dejó gratamente sorprendida. Imagino que todos, o la gran mayoría, la recordarán: Mejor Imposible o As Good as it Gets, título original. 

En su día la vi en castellano y me gustó, eso sí lo tenía claro; sin embargo no la había vuelto a ver y ayer, con la intención de divertime un rato, la volví a ver y esta vez en su versión original. Defensora del doblaje español y del gran talento que hay en este país en este campo, desde hace ya varios años, algo que antes hacía pero sin manías, hoy procuro verlo todo en su versión original. Sin ser una fanática, porque estoy a favor de lo primero por muchas razones que no vienen al caso, es cierto que me he acostumbrado y que lo prefiero porque ahora disfruto muchísimo más con todos mis sentidos del séptimo arte y del maravilloso mundo de la interpretación. 

En fin, que me voy por los cerros de Úbeda...ahí va lo que me pasó. 

Me encuentro en este segundo visionato con una película tremendamente divertida, entretenida, conmovedora y muy humana que me devolvió en cierta medida esa ilusión que me genera el cine, esa magia que nos devuelve por momentos la esperanza aunque no exenta de ese comentario de una de nuestras voces internas, 'sí, pero es una película'. Eterna reflexión, la vida imita al arte o el arte imita a la vida. Ahí lo dejo, para que cada uno reflexione y piense lo que quiera. 

Veréis, no soy una gran fan de Jack Nicholson, a quien durante muchos años juzgué como altamente sobrevalorado, por su excesiva gestualidad en muchos de sus trabajos y del que siempre había pensado que sus personajes estaban muy subidos de tono y con un punto de sobreactuación, permitida por todos por ser quién es. Helen Hunt, siempre me ha parecido un tanto sosainas aunque trabaja bien y Greg Kineear, sin embargo, me ha parecido en todos sus trabajos, un actor muy de verdad, me resulta muy natural, muy humano y me gusta mucho precisamente por eso, porque veo en su trabajo a personas reales de carne y hueso y no a personajes. La línea entre realidad y ficción es muy fina en su caso y a mí, en particular, me transmite muchísimo lo que siente y piensa. Sin embargo, los 3, en esta película me transmiten muchísima verdad, muchísima humanidad. Creo que hay muy buenas interpretaciones, mucho talento, muchas ganas de trabajar y una muy buena dirección de actores detrás. Los tres tienen momentos soberbios, que calan hasta las entrañas y en ocasiones sólo a través de una mirada, un pequeño gesto, una respiración, un 'trago-saliva', una minúscula sonrisa, un brillo en los ojos, y un largo etcétera. Me parece un trabajo muy bueno, sólo en algunos momentitos me descuadran pequeñas cositas, pero aún así, me parecen completamente perdonables por todo lo demás. Veo personas completas, con gran profundidad psicológica y emocional, complejas, completas y puedo verles evolucionando respecto a sí mismos, a los demás y al mundo que les rodea, condiciona e influye. Pero puedo ver a personas reales, viviendo. Sencillamente. 

El caso es que ayer disfruté como una enana, a pesar de que tengo que reconocer que algunas escenas y algunas líneas del guión me parecen demasiado cursis e innecesarias, en general mi sensación final fue: 'esta película es una pequeña joya del cine'. Hay escenas muy grandes, por ejemplo, la del acercamiento de Melvin a Simon la noche que no puede dormir porque necesita hablar con alguien y le lleva a su vecino, arruinado y derrumbado emocionalmente, sopa china en un intento de conectar con otro ser humano. En esta escena, entra, se sientan cada uno de ellos en un extremo de un banco del recibidor del pintor y cada uno comienza a hablar de sus emociones sin siquiera mirarse ni escucharse, simplemente 'vomitan' lo que les está ocurriendo por dentro, sin ninguna intención de dramatizar, sino simplemente de desahogo humano. El resultado, es una escena de gran belleza, conmovedora por sí misma y a la vez tremendamente cómica. Escena que cuando acaba genera en mí un 'qué grande, joder'. O esa otra en el restaurante en el que Carol le grita por primera vez desde ese dolor profundo que sólo una madre que lleva luchando tanto tiempo puede sentir...sublime. Otro de los grandes momentos es cuando Melvin, que lleva desde el comienzo de la película librando una batalla interna provocada por el amor que, sin ser consciente, siente por otro ser humano, llega a su casa enfadadísimo, nervioso y con una crisis de identidad importante con la sensación de haber perdido su oportunidad con Carol debido a su falta de práctica gestionando sus emociones, y su vecino (ahora acogido en su hogar) le da una gran bofetada de realidad y le insta a ir a verla y a hablar con ella desde su verdad, y él tras escucharle completamente descolocado encuentra coraje y se dispone a salir a buscarla y al darse la vuelta (nada, es menos de 30 segundos brillantes) se da cuenta de que cuando entró ni siquiera cerró la puerta de su casa...otro momento de 'maravilloso, coño'. Maravilloso por su elegante, sutil y cuidada interpretación que nos ofrece un GRAN momento; maravilloso por guión, por la evolución del personaje que queda demostrada en un gesto tan pequeñito e insignificante para cualquiera menos para una persona que lleva toda su vida controlando de manera obsesiva cada cosa que hace y que tras conocerla a ella es consciente por primera vez de que sus 'obsesiones' han quedado relegadas al completo olvido, debido a la importantísima transformación que está sucediendo en él. Maravilloso, porque a nivel humano, y sí puede que sea cursi, no lo sé, se demuestra el gran poder transformador del amor. Otro de los grandes momentos, es cuando Simon completamente destrozado se desnuda emocionalmente con Melvin, demostrando una vulnerabilidad absoluta frente a su vecino y antagonista. Tremenda la interpretación de Greg Kinnear en esa escena. Otro, las dos llamadas que hace a sus padres desde el hotel. Otro, en esta ocasión de ella, Carol, se rompe literalmente en escena tras escribir la nota de agradecimiento a Melvin y está en la cocina con su madre. Maravillosa escena y maravillosa interpretación. Un momento nuevamente de gran belleza. Otro, y esta vez por su brillante comicidad, las miradas de Melvin y Carol y la frase 'está esperando que diga algo', en la escena en la que ella coge el tren nocturno y se presenta en su casa. En fin...que podría seguir enumerando muchísimos momentos que me resultaron brillantes, de hecho, la gran mayoría de las escenas contiene esos bellos momentos. Por su fuerza dramática, cómica y humana, todo a la vez consiguiendo dar esa patadita en mí, espectadora que está viendo la película con sus sentidos y con el alma dispuesta a dejarse conmover porque a pesar de que a veces, oigo esa voz, 'es una película, en la vida real esto no sucede jamás', en el fondo sí creo que el arte refleja la vida y que la realidad supera con creces a la ficción. Pienso que la ficción, es un intento de hacernos soñar, imaginar, reflexionar, comprender el mundo y además hacernos ver que el ser humano es tremendamente complejo y maravilloso, capaz de lo peor y a la vez, capaz de romper todos los esquemas sobre todo cuando se trata de amor. Sea romántico o no, esa fuerza motriz inherente en todos nosotros que nos puede catapultar hacia nuestra mejor versión como seres humanos si le dejamos. Cursi o no, paso de juzgarlo, es bonito, jodidamente bonito.

Merece la pena volver a verla y dejarse envolver por completo por ella.

L.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Mirando el cielo

Es de noche. El cielo hace unas horas de un límpido azul claro, ahora es muy oscuro, muy muy oscuro, parece negro aunque quizá sigue siendo azul, pero azul oscuro, no hay suficiente luz para que podamos apreciar su color, tan sólo podemos ver su oscuridad. Se ve negro y salpicado por infinitos puntitos blancos. 

La calma reina en el ambiente. La noche es plácida, es perfecta, se respira paz. En una tumbona, una mujer abraza en su colo a una personita cuya estatura apenas supera los 70 cm. 

-Mamá, ¿por qué las estrellas no son estrellas? 
-¿Qué quieres decir cielo?
-Que por qué no se parecen a las estrellas que dibujamos en el cole.

La madre mira a su hijo, le sonríe con una ternura infinita y le dice:

-Cariño, porque estamos tan tan lejos de ellas y brillan tanto que no podemos ver su forma real desde aquí. 
-Mamá, pero entonces...¿las estrellas son puntitos? 
-Sí y no, cariño, las estrellas son estrellas, son cuerpos de luz que están el cielo y parecen redondos, pero si cierras un poco los ojitos verás como destellos de luz que salen del centro hacia fuera parecidos a las estrellas del cole.

El niño cierra los ojitos y los vuelve a abrir de par en par, pero no dice nada, algo indica que no está satisfecho con la explicación y sigue con el interrogatorio. 

-Vale mamá, pero ¿si están tan lejos cómo se sabe qué forma tienen de verdad? 

La madre sonríe de nuevo y orgullosa de la pregunta que le hace su pequeño le dice:

-Mira cariño, hay un instrumento que se llama telescopio que permite ver todo aquello que está en el cielo aunque esté muy muy lejos. Hay personas que pueden ver más allá, observar, investigar y estudiar todo lo que hay allí, incluidas las estrellas. 
-Mamá, quiero un telescopio para poder ver las estrellas de verdad. 
-Cariño, no necesitas un telescopio para eso. 
-¿Por qué no? Jo... ¡¡¡Desde aquí sólo veo puntitos!!!
-Cariño, mira otra vez al cielo, ¿qué ves?
-Puntitos, mamá, ¡veo muchísimos puntitos blancos!
-¿Y qué sientes cuando miras esos puntitos?
-Mmmmm...no lo sé...¡pero los quiero coger!

La madre se ríe a carcajada y el niño se queda desconcertado...

-Cielo no las puedes coger. Cuando vuelva papá le pides que te cuente todo lo que sabe del cielo que él sabe mucho de eso. ¿Vale?
-Vale mamá. ¿Y papá lo sabe porque es científico? No cariño, papá es escritor pero él sabe mucho más que yo de Ciencia y te lo podrá explicar mejor que yo. 
-Vale mami. Pues cuando vuelva se lo pregunto. 
-Vale amor, tal vez si te portas bien te comprará un telescopio y te enseñará a usarlo. Ahora bien, quiero contarte un secreto sobre las estrellas. 
-Uau...¡un secreto! ¿y papá lo sabe? 
-Sí cariño, papá también pero es uno de los pocos. Verás, esto es algo que mucha gente no sabe o no recuerda que lo sabe. Las estrellas y nosotros, somos iguales aunque no lo parezca. Cada uno de nosotros cuando nacemos tenemos la misma cantidad de luz que las estrellas y podemos iluminar cualquier lugar por oscuro que esté, tenemos ese superpoder, todos somos estrellas. (El niño expectante absorbe cada palabra que dice su madre). Verás esa luz puede ser cada vez más y más brillante si las personas nos esforzamos por mantenerla encendida siempre y así todo lo que hacemos en la vida se puede llenar de luz. Toda la luz que producimos se va guardando en una pequeño cofre que tenemos dentro y si no dejamos que se apague nunca y la alimentamos como si fuera nuestra mascota cada vez tendremos más y más reservas y cuando nuestra vida aquí se acabe, viajaremos por el universo hasta llegar al cielo y si hemos acumulado muchísima, muchísima, muchísima luz, entonces podremos vivir allí arriba observando el mundo y guiando y cuidando a todas las personas que amamos cuando estábamos aquí abajo. 

El niño no da crédito, y responde: 

-¿en un cofre del tesoro? ¿y dónde lo tengo, mami?
-Sí, mi amor, es exactamente eso, un cofre del tesoro y lo tienes aquí dentro, dentro de esta barriguita tan bonita. 

El niño asombrado sigue escuchando a su mamá. En su boca se dibuja una ''O'' mayúscula pero opta por no emitir sonido alguno. 

-Pero cuidado, porque si no sabemos que tenemos esa luz la podemos perder y eso es muy peligroso porque la vida a oscuras es mucho menos bonita. Tienes que saber que tenemos que estar muy atentos cariño porque a veces parecerá que hemos perdido la luz y si eso ocurre, tendremos que buscar la manera de volver a encenderla y que se mantenga iluminada. Siempre que recuerdes que la luz está ahí dentro guardadita no pasa nada, no te preocupes si a veces no brilla o no brilla igual porque no lo hará constantemente. A veces también tiene que descansar. Por eso no vemos las estrellas cuando es de día, pero siguen estando ahí, sólo están durmiendo y aprovechando para recargar su luz. ¿Lo entiendes mi vida?

El niño orgulloso responde:

-Sí, mamá. Se revuelve, escudriña el cielo y de repente señala al cielo directamente y dice: -Mamá, mira, ¡allí está el abuelo! y...¡¡mira mira!!, ¡¡el bisa está allí al lado!!

martes, 22 de julio de 2014

Necesito recordar

Hoy tomo prestadas las palabras de un sabio. Gracias WW por ayudarme a recordar.

DO NOT LET

Do not let the day end without having grown a bit, without being happy, without having risen your dreams.
Do not let overcome by disappointment.
Do not let anyone you remove the right to express yourself,
which is almost a duty.
Do not forsake the yearning to make your life something special.
Be sure to believe that words and poetry it can change the world.
Whatever happens, our essence is intact.
We are beings full of passion. Life is desert and oasis.
We breakdowns, hurts us, teaches us, makes us protagonists of our own history.
Although the wind blow against the powerful work continues:
You can make a stanza. Never stop dreaming, because in a dream, man is free.
Do not fall into the worst mistakes: the silence.
Most live in a dreadful silence. Do not resign escape.
“Issued by my screams roofs of this world,” says the poet.
Rate the beauty of the simple things.
You can make beautiful poetry on little things, but we can not row against ourselves. That transforms life into hell.
Enjoy the panic that leads you have life ahead. Live intensely, without mediocrity.
Think that you are the future and facing the task with pride and without fear.
Learn from those who can teach you. The experiences of those who preceded us in our “dead poets”, help you walk through life.
Today’s society is us “poets alive”. Do not let life pass you live without that.                                                    
 NO TE DETENGAS
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

martes, 15 de julio de 2014

Un pequeño cuento

Había una vez una orilla de un río, en la que sentado en la hierba lloraba un niño que sostenía algo entre sus manos. Hacía días que había llegado allí, no sabía cómo, y no recordaba tampoco cuándo. Sólo sabía que estaba agotado y que desde que llegó no había podido parar de llorar. Ni si quiera cuando dormía. Del cansancio se quedaba dormido con aquel objeto envuelto en una tela entre sus manos y cuando despertaba seguía cansado y con lágrimas en los ojos. Había perdido ya toda noción del tiempo. 

Una tarde escuchó unos pasos de alguien también pequeño cuyos pasos también eran pequeños y cortos y sintió que se sentaba a su lado. Era una niña. Él la miró extrañado y le pidió por favor que se fuera. Ella le miró con dulzura, le sonrió y no se movió del sitio. 

-Por favor, quiero estar solo, ¿puedes marcharte a otro lugar? La orilla es muy grande. Por favor, vete. 

La niña, giró su rostro hacia él y le dijo:

-No. Algo me ha traído hasta aquí, así que aquí es donde quiero y debo estar. 

-Por favor, quiero estar solo. Vete. 

-No. Yo también quiero estar sola. Creo que podemos estar solos en el mismo lugar, ¿no crees?

El niño la miró desconcertado y sin saber por qué aceptó. Había algo en aquella niña que le resultaba familiar. No sabía por qué pero se fiaba de ella. 

Al cabo de un rato, la niña sacó de su pequeño bolsillo un objeto envuelto una tela sucia. Y comenzó a desenvolverlo muy muy despacio. Había algo en ella en aquellas lágrimas lentas y silenciosas que le hacía parecer tranquila y a pesar de verla llorar, su lloro no era desconsolado como el suyo. Él se preguntaba por qué. La observó hacer sin darse cuenta de que cuanto más la miraba más se tranquilizaba él. 

Lentamente sacó un corazón con muchas espinas clavadas y allí con toda la naturalidad del mundo comenzó a sacarlas mientras las lágrimas caían por sus redondas y suaves mejillas pecosas. Pasaron varias horas allí en silencio. Ella arrancaba suavemente cada una de las espinas de aquel corazón y cuando hubo acabado comenzó a coser cada una de las heridas que éstas habían dejado abierto por mil trozos aquel pequeño tesoro. 

Él la observaba, atento a cada detalle, a cada movimiento, a cada lágrima que resbalaba, pues en ningún momento ella había dejado de llorar. Sin embargo, no parecía que estuviese tan rota como él. Qué le habrá pasado se preguntaba. Cómo no está llorando a mares con un corazón tan herido. Él durante todos los días que había pasado allí no había sido capaz si quiera de desenvolver el suyo. Le resultaba demasiado doloroso. Necesitaba estar tranquilo para poder hacerlo y ese momento no había llegado por lo que a él le parecía. 

La niña tardó varios días en terminar de coserlo. En todo ese tiempo no cruzaron una sola palabra, se miraban, y sólo con mirarse parecían hablarse. Compartían ese silencio. Compartían ese lugar. Compartían la orilla de aquel río. Cierto día, el niño se dio cuenta de que desde que ella llegó él cada vez se sentía menos triste y hacía días que ya ni siquiera lloraba. Mientras la veía hacer su trabajo se dio cuenta de que se sentía diferente. Había algo dentro de sí mismo que había recuperado cierta fuerza, cierta valentía. Si no hubiera creído que eso no era posible diría que aquella niña estaba haciendo magia. Pero no, la magia no existía. Él lo sabía desde muy pequeñito. La magia era un invento de los cuentos de hadas y eso pertenecía a la fantasía. 

Cuando la niña hubo terminado de coser, cogió aquel frágil objeto, se levantó y con sumo cuidado se fue acercando al agua, lo sumergió y lo lavó muy despacito. Cuando terminó, le pidió al niño que lo sostuviera durante un instante rompiendo aquel silencio, y las palabras en lugar de entorpecer el momento, entraron como un sonido muy suave, muy dulce, casi como un arrullo. Él posó en sus piernas su propio objeto y con mucho cuidado y mimo sostuvo el corazón que ella le dio. Vio cómo sacaba de su bolsillo un pañuelo blanco, impoluto, lo extendió en el suelo con suavidad, se le acercó y le pidió con un gesto que se lo devolviera. Cogió su pequeño corazoncito, le dio un beso y lo envolvió en el pañuelo con una ternura y un amor infinitos. Una vez lo tuvo bien tapadito, lo acarició con mimo, lo abrazó y se lo dio a él diciéndole:

-Ten, ya está curado; ¿me das el mío, por favor?

El niño se quedó completamente parado. ¿De qué hablaba aquella niña? ¿estaba loca? ¿de dónde había salido? 

-No, no puedo. Éste es el mío y no te lo puedo dar, lo tengo que arreglar y no sé cómo. Tú ya has arreglado el tuyo, quédatelo y déjame solo. No sé quién eres. 

Ella insistió suavemente pero muy firme:

-Ten, ya está curado; ¿me das el mío, por favor?

El niño no daba crédito, la miraba sorprendido y con miedo pero una vez más, algo en su interior le hizo confiar y se vio a si mismo dándole el que él pensaba que era el suyo. En ese momento, algo le pasó por dentro, miró el corazón reparado, envuelto en un pañuelo limpio, impoluto, blanco, puro y se sintió feliz y en paz por primera vez en su vida. Aquel corazón sí era el suyo, la niña tenía razón, cómo pudo haberlo sabido. Cómo era posible que aquel otro tan roto que tenía en el regazo no fuese el suyo sino el de ella. ¿Magia? ¿Había sido un sueño? ¿Se había vuelto loco? Sea como fuere, cuando ella se lo dio, él sintió que le pertenecía. Debía por tanto ser suyo. En ese momento, sin entenderlo miró a la niña, la abrazó con ternura y le preguntó:

-¿Cómo supiste que llevabas un corazón que no era el tuyo? 

Ella le contestó:

-No lo sabía. Sólo seguí una luz que me condujo hasta aquí, al verte aquí, sentado, llorando y con un algo envuelto en un trozo de tela, sentí que tenía que quedarme aquí. Nunca supe que no era el mío hasta que cuando comencé a sacar espinas vi que por cada una que sacaba tú cada vez llorabas menos hasta que dejaste de hacerlo. Cuando lo saqué del río y te miré, ya no vi dolor en tus ojos. Por eso decidí devolvértelo curado y mimado. 
Ahora, por favor, vete tú, déjame sola, necesito hacer lo mismo con el mío. 

El niño la miró y con una resolución infinita de la que ni siquiera se sorprendió, le dijo:

-No, no te lo puedo devolver tal como está. Déjame arreglarlo, quiero hacerlo. He visto cómo lo hacías, creo que he aprendido cómo. Déjame intentarlo, por favor. 

Había tanta verdad en su mirada que la niña le miró, sonrió y asintió. 

jueves, 10 de julio de 2014

Sin respuestas

Pensamientos que a veces surgen en la cabeza y para los que no tengo respuestas...ahí los dejo...a ver si alguien tiene alguna :)

¿Puede estar tu cuerpo a 30 grados y sentir frío en el corazón?

¿Puede equivocarse el alma?

¿Cuándo parte de ti muere, a dónde va? 

¿Cómo se puede mantener la fe cuando sientes que la has perdido?

¿Cómo sabes que puedes encontrar algo que un día perdiste? 

¿Hay lugar para la esperanza?

Estas y otras dudas existenciales recorren en ocasiones las autopistas de mi cerebro.

miércoles, 7 de mayo de 2014

En pie

Y el mundo puede caerse a mi alrededor, pero yo seguiré aquí, en pie, creándolo de nuevo y mejor.

Y la vida podrá darme mil golpes, pero yo seguiré aquí, en pie, soportándolos sin devolverlos.

Y me fallarán las piernas y me caeré en mil momentos, pero yo seguiré aquí, en pie, levantándome de nuevo.

Y podrá mi corazón romperse una y otra vez, pero yo seguiré aquí, en pie, cosiéndolo más fuerte.

Y podrá mi alma sangrar sus lágrimas, pero yo seguiré aquí, en pie, recogiéndolas y aprendiendo.

Y podré perder mil batallas, pero yo seguiré aquí, en pie, luchándolas todas.

Y podré equivocarme infinitas veces, pero yo seguiré aquí, en pie, reconociéndolo y enmendando mis errores.

Y podré sufrir lo indecible, pero yo seguiré aquí, en pie, curándome y empezando de nuevo.

Y podré perder la luz en el camino, pero yo seguiré aquí, en pie, encendiéndola de nuevo.

Y moriré algún día tras haber peleado hasta la última gota de sangre.

Pero yo, yo seguiré aquí, en pie, luchando hasta que ese día llegue.

martes, 4 de marzo de 2014

Cuando todas las luces se apagan

En algún lugar de la mente se esconde. Lúgubre. Oscuro. Acechando.

En algún rincón de la mente se oculta. Paciente. En guardia. Acechando.

Se camufla entre pensamientos habituales. Se acopla a los diferentes grupos haciéndose pasar por un igual. No lo es. Lo sé. Le vigilo.

Cuando todo el mundo se ha ido y la noche se cierne. Aparece. Camina descalzo, sin hacer ruido. Sigiloso va buscando el mejor lugar. Revisa los pensamientos del día siguiente, los lee, estudia los movimientos y descubre los diferentes puntos débiles. Marca sus blancos con una cruz negra. Vuelve a esconderse. Sigiloso. Siempre alerta. Observando. Buscando y hallando con precisión el punto de presión más doloroso.

Espera tranquilo en la oscuridad. Su oportunidad se aproxima. Lo sabe. Más tarde o más temprano, toda mente comete un error.

El momento llega. Dispara sus dardos envenenados. Rápido. Discreto. Sutil. Eficaz.

La ponzoña comienza a expandirse poco a poco. De algo irracional, ilógico va tiñéndose de duda, le ceden espacio y cambia a sospecha, va ganando fuerza con rapidez. Se convierte en hipótesis a valorar. Evoluciona a planteamiento veraz y éste a otro, se extiende, se contagia, se apodera de todo cuando hay y justo en ese momento, justo cuando a punto está de verse vencedor...una gran explosión de luz le ciega. Se retuerce. No ve nada. Dolorido se deja caer en el suelo. Sangre. Negra. Herido. Huye. Nadie llora.

Volverá.

Alguien respira. Sonríe. Antes lloró. Antes sufrió. La búsqueda dolió, fue peligrosa. Paciente. Perseverante. Le encontró. Le siguió. Le cazó. Le hirió. Le venció.

Sé que siempre estará ahí, oculto en las sombras, acechando en la oscuridad. Le he visto. Sé quién es. Sé cómo trabaja. Cada vez que lo intente, estaré ahí. Preparada para derrotarlo. Preparada para ganarle. Cada vez.

jueves, 27 de febrero de 2014

Acantilado

Era como si hubiera vivido ya varias vidas y en cierto modo se hubiera cansado ya de hacerse preguntas. Había conseguido demasiadas respuestas y muchas de ellas no le causaban placer, más bien lo contrario; había alcanzado tanta sabiduría que dejó de creer en la magia. Para él, no existía; en un mundo tan terrible como el que había conocido, no podía haberla, el horror de la guerra, el dolor del corazón, la pérdida de su familia y amigos, la ambición desmedida, el egoísmo, la pereza, la mirada de un niño en ese instante antes de morir, en fin…todo aquello había destrozado para siempre ese frágil órgano, había arrasado con cualquier posibilidad de creer que aún había algo maravilloso en el mundo a pesar de toda esa negrura.

Le había llevado tantos años levantar aquel muro que sin él no podía considerarse a sí mismo. Antaño fue una piedra, más tarde una roca, luego dos, y así sucesivamente, con cada nuevo golpe ganaba altura y consistencia hasta que llegó a construir un acantilado. Aquella era su manera de protegerse de las olas, de la violencia del mar y del viento, de la lluvia, de los rayos y funcionaba ¡caray si funcionaba! según él era lo mejor que había hecho en toda su vida. Mientras él tuviera el control podía vivir más tranquilo, no feliz por supuesto, pero aquello era una utopía para él, simplemente era un término del diccionario en el que obviamente no creía, quizá hubo un tiempo en que sí, pero desde luego ese tiempo había quedado relegado a ese rincón cubierto ahora de polvo, ese rincón en el que las almas perecen hasta que el cuerpo decide irse con ellas.

Había perfeccionado tanto su método, que hasta eso era brillante en él. Aquel inmenso conjunto de rocas tenía incluso belleza, producía una extraña fascinación. Un trabajo de ingeniería excelente desde luego, no parecía construido por el hombre, pero como sí lo era, no había contado con el margen del error humano. Igual que le protegía de lo malo, también le protegía de disfrutar con alegría de la luz del sol, del cielo despejado, de la quietud del mar en calma, del sonido de los pájaros, ése fue el precio que consciente o no estaba pagando. Aquello fue lo que le hizo olvidar que a veces, cualquier humano, por brillante que sea necesita dejar entrar la luz para que su propia luz interna pueda volver a encenderse e iluminar de nuevo su alma.


Cuentan los ancianos del lugar, que hubo una tormenta tan fuerte que el cielo parecía partirse en dos, parecía que el mar cubriría la tierra entera. El ruido de los truenos era ensordecedor, todos creían que se acercaba el fin…incluso él temía por su propia vida, aquella vida que en ocasiones, en la oscuridad, veía ya con indiferencia. Afortunadamente cesó de repente y el cielo que se vio después de aquello todavía llena de esperanza los corazones de la gente, el sol era de un azul maravillosamente dulce, el sol iluminaba calentando lo justo, la brisa soplaba, el mar se calmó y fue uno de los días más bellos que tuvieron la suerte de disfrutar. Aquel día, al volver a su estudio, vio que la tormenta había venido con una misión, justo antes de acostarse, en ese momento conocido como duermevela, descubrió una grieta en su acantilado particular, pudo verla, porque de ella salía un pequeño rayo de luz.